Primor I: El héroe debe tener una capacidad inabarcable
Ésta es la primera destreza del arte de los entendidos: medir el lugar. Es una gran treta permitir ser conocido pero no comprendido; hay que alimentar la expectación, sin desengañarla del todo. Lo mucho debe prometer más, y la mejor acción dejar siempre la esperanza de otras mayores. El hombre sabio no tolerará que le sondeen la profundidad de su capacidad, si quiere que todos le veneren. El diestro no supera los obstáculos de inmediato, sino que, poco a poco, los vence todos.
El Ser Infinito puede jugarse mucho y guardar aún un resto ilimitado. Aprende la primera regla de la grandeza: debes parecer infinito, aunque no lo seas, pues no es una sutileza común. “La mitad es más que el todo”; pues una mitad de alarde y una de ahínco son más que un todo declarado.
Tú, candidato de la fama, tú que aspiras a la grandeza, presta atención al primor: que todos te conozcan, pero ninguno te pueda abarcar. Con esta treta lo moderado parecerá mucho, lo mucho infinito y lo infinito aún más.
Un líder tiene que tener una capacidad ilimitada, y si no la posee, debe parecer que la tiene. ¿El por qué? Se entiende fácilmente con estas tres proposiciones derivadas de los conceptos de excelencia:
- Un líder debe ser liderar con visión
- Un líder debe ser inspirador
- Un líder debe ser un ejemplo y liderar a través de él
Si un líder no posee esta capacidad inabarcable o no es capaz de hacer ver a los demás que así es, no podrá tener una visión clara del liderazgo y de lo que quiere, liderar a través de dar ejemplo de cumplimiento, y por tanto inspirar a los demás y a las personas que le siguen para cumplir con el objetivo y/o visión de la organización.
Primor II: Ocultar la voluntad
Este arte sería inútil si, tras prescribir recato a los límites de la capacidad, no encargase disimulo a los impulsos de las pasiones. […] Los defectos de voluntad son tachas de la reputación y, si se hacen públicos, la voluntad muere. […] El primer esfuerzo (Primor I) violenta los impulsos, pero el segundo (Primor II) los disimula. Penetrar las voluntades ajenas indica una capacidad eminente, pero ocultar la propia manifiesta superioridad.
Los insensibles gentiles creyeron dioses a muchos hombres que no tenían ni la mitad de hazañas que Alejandro Magno, y a él no lo incluyeron en esa caterva de divinidades: a quién había ocupado mucho mundo, le dieron poco cielo. ¿Por qué tanta escasez con uno y tanta prodigalidad con otros? Alejandro ensombreció sus proezas ilustres con unos furores vulgares hasta el punto de que, al rendirse a las pasiones insolentes se desmintió a sí mismo quien tantos triunfos había logrado. De poco le sirvió conquistar un mundo, pues perdió la reputación, el patrimonio de un príncipe.
¡La excelencia y la reputación tienen su Escila y Caribdis (ying y yang): la ira y la concupiscencia! El hombre excelente debe violentar sus pasiones o, cuando menos, solaparlas con tal destreza que de ningún modo se puedan descubrir sus intenciones.
Encarna esta sutileza la reina Isabel, la católica amazona, pues por ella España no tiene que envidiar a Cenobias, Tomiris, Semíramis ni Pentesileas. Para dar a luz se encerraba en la habitación más oscura y, según su decoro y con innata majestad, sellaba los suspiros en su pecho real sin que se le oyese un ay, ocultando en las tinieblas los desórdenes del rostro. Y quien así se comportaba en lo excusable, ¡qué haría en asuntos de renombre!
Un líder tiene diferentes funciones en una organización. En las pymes además ocupará diversos cargos que tendrán diferentes funciones y que deberá realizar a la vez. Tanto la comercialización de los servicios o productos, como la gestión de equipos de trabajo, proyectos o líneas de producción, como gestionar la organización al completo y/o implicarse en temas estratégicos. Estas atribuciones necesitan de multitud de facetas diferentes dentro de una misma persona.
En cada situación, un líder será visto de una manera diferente, pero tendrá que mantener su estatus para poder mantenerse como tal. No mostrar debilidades, ser comedido, no excesivamente pasional en temas que puedan resultar embarazosos y de nuevo, ser ejemplo, harán del líder una persona excelente para el puesto.
Primor III: La mayor cualidad de un héroe
Igual que para un gran todo se desean grandes partes, se precisan grandes cualidades para formar un héroe. Los apasionados consideran que el entendimiento es el origen de la grandeza, y no aceptan un hombre grande sin gran entendimiento, ni tampoco un hombre entendido sin grandeza. El hombre es lo mejor de la visible, y el entendimiento es lo mejor del hombre, por lo que sus victorias son las mayores. Esta prenda capital procede de otras dos; juicio hondo e ingenio elevado; juntas crean un prodigio.
El juicio es el trono de la prudencia y el ingenio es la esfera de la agudeza. Un ingenio valiente, pronto y sutil es la quintaesencia del mundo, una prueba de divinidad.
Se celebra la prontitud de ingenio, pero no la rapidez de voluntad. Con los lucimientos de ingenio, muchos se remontaron del polvo al centro del sol.
En una ocasión, el Gran Turco se dirigía desde un balcón al vulgo de un jardín. Comenzó a leer un papel que, quizá como burla o desengaño, de los ojos a las hojas se lo voló el viento. Los pajes, sus émulos, con las alas del halago volaron por la escalera abajo. Uno de ellos, llevado en andas por su ingenio, encontró un atajo: se arrojó por el balcón. Voló y cogió el papel mientras los otros bajaban, y así subió y se remontó, porque el príncipe, halagado, lo elevó a su valimiento.
La agudeza si no reina merece correinar. Es el comodín de las cualidades, pregonera del renombre, y mayor realce cuanto más sublime es su fundamento.[…] La rapidez es el oráculo en las mayores dudas, una esfinge en los enigmas y un hilo de oro en los laberintos. Como el león, se crece con la dificultad.
Un Líder tiene que hacerse de cualidades, que, si bien no suelen ser buscadas, son tanto o más importantes que el resto. Reunir una serie de cualidades acerca a la excelencia en el comportamiento.
Ser ágil mentalmente, tener capacidad de respuesta, con ingeniosa actitud y sutil prontitud, puede acallar, hacer notar o sorprender a quien debe ser sorprendido, callado o debe escuchar nuestras palabras.
De nada sirve ser el más capaz si no somos capaces de demostrar. De nada sirve ocultar nuestras pasiones, si no somos capaces de acertar con el dardo en la palabra justa en el momento justo.
Estos tres primores acercan al Líder a disponer de capacidades para hacerse notar, ser sutil e ingenioso, y por tanto ser interesante en la justa medida para llamar la atención sólo cuando debe llamarse. Estas capacidades pueden ser inherentes o no. Si lo son, habrá que pulirlas y trabajarlas. Si no lo son, habrá que aprenderlas.
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