Primores de la capacidad de un líder (III)

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Os presentamos una nueva serie con tres primores sobre la suerte, en las que el escritor Baltasar Gracián nos habla y describe determinadas cualidades y requisitos para un líder. ¡Disfrútenlo!

 

Primor IX: La cualidad reina

No sé si considerar inteligencia o suerte que un héroe tope con su mejor cualidad, con la cualidad reina de su capacidad. En unos manda el corazón, en otros la cabeza y es una tontería que unos quieran estudiar con el valor y otros pelear con la agudeza.

No hay hombre que no pueda ser eminente en algo, pero los que vemos son tan pocos que son raros, únicos y excelentes. Nadie se considera inhábil para lo más alto, pero lo que la pasión exalta con rapidez, tarde lo desengaña el tiempo. Hay excusa para no ser eminente en el nivel mediano por ser mediano en el nivel eminente, pero no la hay para ser mediano en el nivel ínfimo pudiend o ser el primero del nivel sublime.

Horacio, aunque poeta, enseñó la verdad cuando dijo “No emprendas asunto en que Minerva te contradiga”, aunque no hay nada más difícil que desengañar a alguien de su capacidad. […] El juez de uno mismo encuentra textos y sobornos para escaparse.

El hombre prudente debe procurar halagar el gusto y atraerlo, sin violencia despótica, para medirlo con las fuerzas, y, una vez reconocida la cualidad reina, tiene que emplearla felizmente.

Gracián nos plantea  la difícil tarea de encontrar nuestra mejor cualidad para ser excelente, sublime y eminente en ella, sin dejar de lado cultivar el resto.

Destaca algo importante: no sabe si los que lo han conseguido han sido inteligentes o han tenido suerte, pero aporta las pautas para que busquemos la buena suerte a través de la inteligencia (recomendamos leer en este apartado concreto el libro “la Buena Suerte”, de Alex Rovira y Trías de Bes):

-          No te dejes engañar por ti mismo

-          Admite tus errores

-          Paladea lo que te gusta y atráelo poco a poco, para conocer si eres capaz o no de controlarlo

-          Empléalo con felicidad (pasión)

Acierta plenamente cuando nos asevera la cita de Horacio, ya que si en algo no tienes la suerte necesaria, será porque realmente no es tu virtud. Como aquel proverbio chino que nos dice: “persona que no sonríe no debe abrir tienda”.

Una vez ahí reconoce que no es tu labor y busca la tuya. No te canses, sigue buscando (grande Steve Jobs).

Primor X: Tantear su suerte antes de comprometerse

La tan nombrada como poco conocida suerte no es otra cosa […] que aquella reina tan soberana, inescrutable e inexorable, risueña con unos y esquiva con otros, a veces madre y otras madrastra, pero no por pasión sino por un inaccesible misterio. Los muy maestros de la discreción política siguen la regla de tener muy observada su suerte y la de sus compañeros. Debe conseguir el regalo y comprometerse con valentía el que la siente madre, pues, como amante se deja halagar por la confianza.

Tenía bien tomado el pulso de su suerte César cuando, animando al rendido barquero, le decía: “No temas, que agravias la suerte de César.” No encontró un ancla más segura que su dicha. Quien llevaba en la popa los alientos de su suerte no temió vientos contrarios. ¿Qué importa que el aire se perturbe, si el cielo está sereno, o que el mar brame, si las estrellas se ríen?

Es una gran cualidad ser un hombre afortunado y supera el aprecio de muchos. Algunos prefieren una onza de ventura que muchos kilos de sabiduría o quintales de valor. Otros, por el contrario, fundan el renombre en la desdicha y en la melancolía, y repiten ventura de necio y méritos de desgraciado. El padre sagaz compensa con otro la fealdad de su hija, y el Universo dora la fealdad del ingenio con la suerte.

Sin embargo, quien está habituado a sus agrias respuestas de madrastra, es mejor que no sea terco y desista, que el disfavor suele ser de plomo. En palabras de Horacio: “Tú no hagas ni digas cosa alguna teniendo a la suerte en contra”.

La fortuna, la próspera y la adversa, se suele arrimar a los de al lado. El discreto debe ladearse y en este juego debe saber ganar pidiendo carta o descartándose.

Gracián nos lega una de esas frase que deben convertirse en máxima de aquel que sea o quiera ser Líder: “La fortuna, la próspera y la adversa, se suele arrimar a los de al lado. El discreto debe ladearse y en este juego debe saber ganar pidiendo carta o descartándose”. Si bien la suerte se puede transformar en Buena Suerte, con el pulso constante y las cualidades necesarias, en el caso en que no dispongamos de ellas o necesitemos una solución rápida, Gracián nos indica algo tan sabio como saber jugar o descartarse si está la suerte de cara o, por el contrario, nos da la espalda. Hemos de estar atentos y despiertos para saber en qué lugar de la balanza se encuentra nuestra suerte en cada momento y no apostar, hablar o luchar si no nos es propicia.

La suerte quizá no sea una cualidad, pero saber tantearla y actuar de acuerdo a ella es un deber mayor dentro del Liderazgo.

Primor XI: Saber retirarse cuando se está ganando

Todo movimiento inestable crece y declina. Hay que adelantarse y saber prevenir la segura declinación de la inquieta rueda de la suerte. El buen jugador sabe retirarse con ganancia cuando la prosperidad depende del juego y la desdicha es cierta. Es mejor coger la honra que aguardar a la rebatiña de la suerte, pues de un solo golpe suele hacerse con la ganancia de mucho intentos.

El hombre debe serlo en esto: recogerse a la protección de un honroso retiro, porque tanta gloria hay en una airosa retirada como en una gallarda acometida.

Abdul, moro hermano del rey de Granada, estaba preso en Salobreña y para desautorizar su confirmada desgracia se puso a jugar al ajedrez, una adecuada prueba del juego de la suerte. Llegó entonces la orden de su muerte, que siempre nos llega deprisa. Pidió Abdul dos horas de vida, pero le parecieron muchas al comisario y sólo le concedió acabar el juego ya comenzado, o mejor aún, la suerte, pues ganó la vida y el reino. Antes de terminar la partida llegó otro correo con el perdón de su vida y con la corona de Granada, por la muerte del rey. Tanto subieron del cuchillo a la corona como bajaron de la corona al cuchillo. Los buenos bocados de la suerte se comen mejor con un azar agridulce.

La suerte es corsaria: espera a que se carguen los barcos. Por eso la contratreta es anticiparse y llegar a puerto.

Una nueva magnífica frase, digna de ser máxima, nos deja Gracián para finalizar este primor.

Con los tres primores alrededor de la suerte (IX encontrar la cualidad reina y, X tantear la suerte y XI saber retirarse), Gracián nos lega una honda sabiduría para un Líder; estar al tanto de lo que hay alrededor nuestra, no sólo de nosotros mismos. Analizar, estudiar, disgregar para actuar cuando es propicio y necesario son capacidades que no están ajenas a las propias cualidades de una persona que aspira a ser héroe (líder).

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