O cómo el sistema monetario está consiguiendo hacernos olvidar lo único importante.
A la par que la
“importante” reunión de Merkel y Sarkozy por el futuro del Euro, en Durban (Sudafrica) se está celebrando la Cumbre Mundial por el Cambio Climático, donde deben aprobarse una serie de tratados que aporten al mundo nuevos pasos e hitos para luchar contra la contaminación y la degradación global del planeta.
Pero lejos de conseguirse un consenso absolutamente necesario, los principales mandatarios mundiales sólo se afanan en mirar hacia la economía, olvidando a lo realmente importante, las personas y todo aquello que les permite vivir. Estos se reúnen estos días en torno a la salvaguarda del euro. Y aquellos que están provocando su caída, se sientan en las mesas con aquellos que dicen que van a salvarlo. Kafkiano.
Años han pasado desde que comenzaran las primeras citas que se convirtieron en cumbres globales y permitieron al mundo ver que el problema del cambio climático no era sólo una idea de ecologistas, sino una preocupación real y científicamente demostrable.
Sin embargo la economía de mercado, el liberalismo, y el capitalismo agresivo, han conseguido que todos estemos atados a nuestras preocupaciones económicas personales, porque tenemos deudas y que no nos permiten siquiera levantar la vista de la mesa de trabajo por miedo a que perdamos nuestro sustento y no podamos pagar, y, por tanto, no tenemos tiempo para mirar hacia otro sitio que no sea nuestro bolsillo si queremos mantener nuestros estilo de vida, que nos obliga a disponer de más crédito y tener más deudas. La pescadilla que se muerde la cola. La trama perfecta urdida por los mismos que no se interesan por el bien común, sino por ellos mismos.
Un estilo de vida basado en el consumo y el crédito es un engaño, y lo estamos viendo ahora que los países tienen que recortar hasta en sanidad porque hemos creados deudas innecesarias en acciones innecesarias.













